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Tagore cuenta más que el PIB

La cultura de la belleza es la sal de la democracia. Palabra de Martha Nussbaum

por Luigino Bruni

publicado en Vita el 01/07/2011

Logo_VitaLas capacidades intelectuales de reflexión y pensamiento crítico son fundamentales para que las democracias se mantengan vivas y firmes. Sin embargo, prácticamente en todos los países del mundo los estudios artísticos y las humanidades están siendo objeto de reestructuración, tanto en la educación primaria y secundaria como en la universitaria. Los políticos los ven como un adorno superfluo, en una época en la que las naciones deben recortar todo aquello que parezca no servir para seguir siendo competitivos en el mercado global, por lo que están desapareciendo rápidamente de los programas de estudio, así como de las cabezas y los corazones de padres y alumnos”. Me parece que esta frase resume la tesis central del último libro de la filósofa americana Martha Nussbaum, titulado: “No por beneficio” y traducido al italiano por Il Mulino. ¿Por qué necesitan las democracias una cultura humanista?

Los derechos que no se ven

La democracia es un árbol frágil, con raíces poco profundas en el terreno de la historia, que necesita ser cultivado, cuidado y protegido, sobre todo en los momentos de crisis. Nussbaum ha dedicado, a lo largo de su trayectoria como investigadora, mucho trabajo y mucha pasión civil al tema de la democracia. Nos ha mostrado, junto al economista indio y Premio Nobel Amartya Sen, que el desarrollo se mide sobre todo en clave de libertades y derechos y poco y muchas veces mal en clave de PIB, que es a lo que nos hemos acostumbrado. Sin inteligencia crítica, sin pensamiento libre y creativo, las libertades y derechos no pueden ganar terreno en nuestras civilizaciones, simplemente porque las personas no consiguen ver los derechos y las libertades como bienes preciados, no luchan por ellos y los canjean sin problemas por mercaderías.

No hay que entender la formación humanista como un bien de élite, un bien de lujo accesible a unos pocos que tienen talento y posibilidades económicas. Como Nussbaum recordó en la estupenda lección que impartió en el Instituto Universitario “Sophia” de Loppiano el pasado 6 de junio, uno de sus modelos de educador es Tagore, quien con su poesía y sus programas de formación escolar, se encuentra, como Gandhi, en la base de la independencia y la democracia de la India. La belleza, al igual que la no violencia, son virtudes civiles esenciales para el bien común y para la calidad de la democracia.

Nussbaum propone que el arte, la literatura y la filosofía sean consideradas por la escuela y por la universidad como fundamentales para la formación del carácter de los ciudadanos, ya que sin formar el interior de las personas (tarea en la que el arte, la música y la literatura son insustituibles) nuestras sociedades no serán capaces de gestionar y orientar hacia el bien común las extraordinarias conquistas de la técnica y de las comunicaciones.

En tiempos de crisis y de cambio de época, las personas y las comunidades para las que el bien común era importante salvaron y relanzaron la civilización con instituciones (tanto políticas como económicas), pero también fundando nuevas escuelas y promoviendo el arte. Los monjes, los franciscanos, los carismas religiosos y laicos de la modernidad y el movimiento socialista, también utilizaron la belleza para “salvar al mundo”.

Como hizo Olivier Messiaen en el campo de concentración de Goerlitz, componiendo y ejecutando música con algunos músicos deportados. O como el violinista Karel Fröhlich, que en 1944 en Theresienstadt, dio un concierto para las personas que tenían que partir a la mañana siguiente hacia Auschwitz–Birkenau.

¡No recortéis en educación!

El arte y la belleza siempre han luchado y siguen luchando contra la muerte y la barbarie y proporcionan instrumentos también para la liberación y el progreso civil de las conciencias y de los pueblos.

En todo eso la escuela y la educación tienen un papel fundamental. «Las naciones cada vez se sienten más atraídas por la idea del beneficio; ellas y sus sistemas escolares están acantonando, sin criterio alguno, unos saberes que son indispensables para mantener viva la democracia. Si esta tendencia se alarga, bien pronto los países de todo el mundo producirán generaciones de máquinas dóciles en lugar de ciudadanos dignos de ese nombre, capaces de pensar por sí mismos y de criticar a otros. El futuro de las democracias de todo el mundo cuelga de un hilo.

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