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La medida (falsa) de la felicidad

Entrevista a Martha Nussbaum - La filósofa Martha Nussbaum responde a quienes pretenden llevar a una escala numérica la satisfacción de las personas con su propia vida: “Obliga a realizar burdas simplificaciones. Pero la humanidad vive en los matices

por Luigino Bruni

publicado en Avvenire el 7/06/2011

Martha_Nussbaum_ridLoppiano (Florencia) - Martha Nussbaum es uno de los pocos filósofos que han conseguido alcanzar dos objetivos en su actividad investigadora: dialogar seriamente con la ciencia económica y ocuparse de temas directamente relacionados con la vida de las personas, en particular de las más desfavorecidas. Hacía 40 años que no venía a la Toscana. Ahora ha vuelto para dar una conferencia en el Instituto Universitario Sophia, en la ciudadela de Loppiano del movimiento de los Focolares.  En su conferencia ha hablado sobre “emociones públicas y sociedad decente”. Se trata de un tema de enorme relevancia también para la sociedad italiana: las emociones que hay que apoyar y estimular para que la sociedad pueda desarrollar sentimientos generalizados de simpatía entre sus miembros. Antes de la conferencia ha departido durante algunas horas con los estudiantes.

Después de Sophia, Nussbaum se desplazará a Milán (pasando por Bolonia, donde presentará su último libro “No por beneficio”, Il Mulino), para participar el miércoles y el jueves en la conferencia internacional “Mercado y Felicidad”. Precisamente sobre su visión de la felicidad hemos querido hacerle algunas preguntas.

¿Cómo valora el debate sobre la medición de la felicidad subjetiva?
“Yo veo principalmente dos problemas. El primero, de acuerdo con los actuales estudios sobre la felicidad, se refiere a la naturaleza cualitativa y multidimensional de la felicidad. Es un tema clásico. Mill ya decía que la felicidad no es una realidad unidimensional. Cuando medimos la felicidad con una única escala es evidente que reducimos las distintas dimensiones de la felicidad a una sola, que es algo mucho más simple y alejado de lo que nosotros entendemos por felicidad. Si preguntáis a una persona “cuán feliz es” sin obligarle a elegir como respuesta un número del 1 al 10, las personas suelen dar respuestas complejas como esta: “estoy bien de salud, mis ingresos han empeorado, hace poco ha fallecido un amigo…” y así sucesivamente. Lo que estamos intentando hacer con el concepto de “capacidades” es precisamente especificar los distintos componentes del bienestar de una persona. No hay una única medida que sea adecuada.”

¿Y el segundo problema?
“Tiene que ver con el conocido problema que puso de manifiesto Amartya Sen por primera vez en los años 70, de la adaptación de las preferencias. La gente tiende a estar contenta con lo poco que tiene y con lo poco que espera tener. Jon Elster nos ha enseñado que muchas veces nos comportamos como la zorra con las uvas: no conseguimos alcanzar objetivos más altos y entonces nos acomodamos y con el paso del tiempo incluso dejamos de desear esas realidades que no conseguimos alcanzar. Otras veces, y estos son los casos más interesantes sobre todo cuando nos ocupamos del desarrollo y la pobreza, ni siquiera tenemos una idea correcta de en qué consiste nuestro bienestar. Pensemos en las mujeres de algunas zonas del mundo; son educadas para que les parezca normal que las mujeres no reciban enseñanza, para que crean que las chicas con estudios no tendrán un buen matrimonio, etc. Así estas mujeres matan sus deseos al nacer; es más, son los deseos mismos los que se adaptan desde la infancia a las normas de una cultura y unas tradiciones determinadas. Sen, por ejemplo, ha mostrado que la adaptación de las preferencias también funciona para la salud física. Hay personas, sobre todo en zonas pobres, que dicen estar bien incluso cuando objetivamente padecen enfermedades graves; al no poder compararse con una salud distinta, se adaptan y consideran bienestar lo que en realidad no lo es (y que además les lleva a vivir una vida breve, con malnutrición y con muchas desventajas). Si este problema de la adaptación se da incluso con la salud física, imaginemos lo potente que puede ser este efecto en temas como educación, derechos y libertades”.

Entonces el enfoque de las capacidades mide lo que la gente efectivamente hace y no lo que siente o cree. ¿Puede un esclavo estar perfectamente adaptado e incluso ser feliz?
“Sí. De hecho, como ya señaló Mill, la felicidad no es un estado, sino una actividad. Hoy muchos asocian la felicidad a un estado momentáneo, a un placer, pero en Mill (y en mi planteamiento), la pregunta que hay que dirigir a las personas al estudiar la felicidad no sería tanto “¿cuán feliz te sientes o te consideras?, sino ¿qué haces en tu vida? ¿qué actividades consigues desarrollar?”. Este es un punto central en todo el planteamiento de Daniel Kahneman: cuando él, con su método empírico, trata de medir los sentimientos momentáneos, hace algo posible y tal vez interesante. Pero cuando se trata de medir la “satisfacción de la propia vida en su conjunto”, como se hace hoy en los estudios sobre la felicidad, entramos en un terreno ambiguo. En efecto, si la satisfacción con la propia vida en su conjunto es un sentimiento, creo que este dato es poco interesante. En cambio, si queremos medir un juicio meditado de una persona sobre su propia vida, entonces la felicidad tiene poco que ver con los sentimientos. Cuando en 1996 Kahneman me pidió opinión sobre su programa de investigación para medir la felicidad momentánea, yo expresé muchas de estas dudas y él me dijo: “gracias, pero estas dudas no puedo tomarlas en consideración ahora, porque ya estamos entrando en la fase operativa del proyecto”. Así la medición de la felicidad despegó, pero los problemas que señalo permanecen."

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