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Idioma: ESPAÑOL

Cuidar

Luigino Bruni

publicado en Città Nuova n. 12/2008

Hay un hecho evidente del que no se habla mucho: el hambre de una parte de la humanidad es una relación enferma y no una variable independiente. Entre el hambre de los más pobres y el consumo exagerado del norte hay una clara y fuerte correlación. Si queremos cambiar seriamente el escenario actual caracterizado por una minoría opulenta y una mayoría indigente (no solo de alimentos, sino también de derechos y libertades), debemos desplazar nuestra atención del plano económico y político (que siguen siendo co-esenciales) al plano cultural.

Chiara Lubich resultó profética cuando, al lanzar la Economía de Comunión hace años, decía: Sin una cultura nueva no se hace una economía nueva. No es casualidad que una parte de los beneficios de las empresas se utilicen para la formación cultural no sólo de quienes reciben ayuda, sino también y sobre todo de quienes donan los beneficios. Cambiar el estilo de vida es la condición necesaria para darle la vuelta al problema del hambre en el mundo. Un cambio por parte de los países menos desarrollados económicamente, pero sobre todo un cambio en los que quieren ayudar. La primera acción que hay que acometer para vencer el hambre en el mundo es ordenar la propia vida personal, familiar, comunitaria, política e institucional hacia la sobriedad y la comunión, consumiendo menos y de otra manera, primando experiencias como el comercio justo, las empresas verdaderamente responsables y las finanzas éticas, en lugar de productos de alto impacto ambiental y cívico.

La miseria, el hambre y las crisis del medio ambiente están demasiado relacionadas entre sí como para poderlas abordar por separado. En el libro del Génesis, el gran código antropológico, no sólo religioso, de nuestra civilización, encontramos una señal fuerte a este respecto. Cuando Dios confía a Adán y Eva el jardín les pide que lo guarden. Cuando Caín mata a Abel, a la pregunta de Dios ¿dónde está tu hermano?, él responde: ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano? Quien no es capaz de guardar a su propio hermano, tampoco es capaz de cuidar la tierra. Pero cuando no se es guardián, se es asesino, no hay término medio neutral. Sólo un gran cambio cultural, que nos haga pasar de la mutua indiferencia del mercado al cuidado del otro, puede llevar a solución la grave crisis medioambiental, ética y social de nuestro tiempo.

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