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La respuesta es política

Comentario – Más democracia, menos finanzas

por Luigino Bruni

publicado en Avvenire el 19/05/2012

logo_avvenireSólo saldremos de esta crisis con más democracia y menos finanzas. Nos lo ha recordado Amartya Sen, el economista-filósofo tal vez más influyente en esta etapa de la vida del mundo, en varias conferencias pronunciadas estos días en Italia. En algunos momentos nos ha dirigido palabras duras (a Italia, Grecia y España), al afirmar con fuerza: «vosotros inventasteis la democracia y ahora estáis abdicando de ella bajo la dictadura de las finanzas, los mercados y la prima de riesgo». Citando a John Stuart Mill, Sen nos recuerda que la democracia es antes que nada: government by discussion (gobierno por discusión). Así pues, no se trata sólo del gobierno de la mayoría, ni de las cifras del PIB (como ocurre en las sociedades de capitales donde no cuentan las personas ni las palabras, sino el número de acciones), ni mucho menos del gobierno de los mercados financieros. Palabras certeras, si pensamos en la poca democracia que hay en la gestión de esta crisis hoy en Europa y en el mundo.

Estamos en pleno G8, un acontecimiento que puede ser importante en este momento crucial del capitalismo, también para los Estados Unidos, que, aunque estén en una situación económica privada y pública sustancialmente distinta de la nuestra, no pueden ni deben  olvidar que la crisis financiera global tuvo allí su epicentro, en un estilo de vida basado en el consumo a crédito y en unas finanzas especulativas hipertróficas. Por ello ni Obama ni los americanos pueden ni deben eximirse de su corresponsabilidad en el origen de la crisis y por ello también en su gestión y superación.

De esta reunión de los grandes debería salir por fin una propuesta de reforma de la arquitectura financiera. Mientras la suerte de la economía mundial esté en manos de los centros de poder financiero que buscan el beneficio a corto plazo, ya sea directamente o a través de muchas de las grandes empresas que ya controlan sin que nadie se lo impida, no se darán las condiciones necesarias para relanzar la economía y el empleo. Aquí es donde se comprende la importancia de la democracia. Hoy la democracia política y civil depende sobre todo de la democracia económica: la riqueza está cada vez más concentrada en manos de unos pocos, cada vez más alejados de los lugares del trabajo y de la vida, pero que determinan con sus humores e intereses la suerte de familias, comunidades y estados.

De vez en cuando hay que recordar que los famosos “índices bursátiles” que llevan años dominando la crónica, ocupando espacios que habría que dedicar a otros temas no menos urgentes como la crisis medioambiental y moral de nuestro tiempo, representan la preocupación de una parte muy pequeña de la población. Las sociedades cotizadas en Bolsa no son más que un pequeño porcentaje del número total de sociedades (en Italia el 0,01 y en Alemania el 0,06), cuyos propietarios son a su vez un porcentaje irrisorio de la población de esos países. Evidentemente, esto no quiere decir que esos índices no digan algo importante, pero no hablan de democracia y por lo tanto no deben decir demasiado acerca de estos tiempos, que es lo que, por el contrario, está ocurriendo cuando los mercados financieros con sus altibajos condicionan las elecciones políticas, la confianza de los gobiernos y el destino de los pueblos. Necesitamos con urgencia un decrecimiento de las finanzas y de sus índices y un crecimiento de la democracia y de sus indicadores (el primero de ellos: la cantidad y calidad del empleo), índices que nunca transitarán por los mercados financieros. 

Así se comprende que no podemos dejar únicamente en manos de las finanzas, de los bancos y de los técnicos “expertos” la suerte de los pueblos. Grecia y España, que en estos momentos están viviendo días dramáticos, han llegado a esta situación no sólo por un evidente mal gobierno político y por su propia responsabilidad. También han sido víctimas de una tormenta financiera y económica mundial en la que se ven envueltos sin tener una responsabilidad específica en ella. Más aún: la forma en que Europa y las instituciones internacionales han gestionado la crisis griega ha sido más que escandalosa desde el punto de vista ético y estúpida e irresponsable desde el punto de vista económico, cívico y social. El PIB de Grecia es el 2% del PIB europeo. De haberse intervenido inmediatamente con decisión y con verdadera solidaridad, esa crisis se hubiera reabsorbido con poco sacrificio. Si hoy Grecia se viera obligada a salir del euro, los daños más graves los sufriría Europa, no Grecia. A Grecia y también a España no las salvarán los mercados, sino la política, la democracia. Los mercados saben resolver y gestionar cosas sencillas, pero cuando está en juego el destino de los pueblos y la suerte de las instituciones políticas ganadas con sangre, ideales y sacrificios, como en el caso de la Europa unida, sólo la política puede encontrar y ofrecer soluciones sostenibles y debe esforzarse en lograrlo.

Así pues, más democracia, más discusión y más escucha por parte de quienes hablan y también de quienes en estos momentos gritan. Una escucha que nunca llegará de los mercados financieros, que no tienen oídos para ello, pero que tampoco está llegando de la política. Este es el problema: los pueblos que quieren “vivir antes que economizar” se verán impulsados a rebelarse, tal vez simplemente saliendo del euro, con graves consecuencias para los propios estados, para Europa y para el orden económico mundial.

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