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Una historia industrial de éxito compartido

Entrevista con el empresario de EdC Giovanni Arletti, del Gruppo Chimar, especializado en embalajes industriales y Vicepresidente de la AIPEC

Giustino Di Domenico

publicado en Città Nuova el 11/07/2014

Giovanni Arletti ridUn reciente encuentro promovido por la asociación de Ciudades por la Fraternidad ha puesto de manifiesto algunos rasgos de un vínculo ideal entre la experiencia empresarial de Adriano Olivetti y la realidad de las empresas que promueven la Economía de Comunión siguiendo la intuición de Chiara Lubich. En la apasionada y competente intervención del empresario Giovanni Arletti se han puesto de manifiesto algunos rasgos de actualidad que merece la pena conocer mejor, dado que, como ha enfatizado el mismo Arletti «El caso Olivetti es interesante por sus implicaciones en la historia industrial italiana de la postguerra».

Arletti, Vicepresidente de Confindustria Modena, es el fundador y actual presidente del grupo Chimar, especialista en embalajes industriales, con 19 establecimientos en toda Italia, 40 millones de facturación anual y 350 empleados.

 

¿Podemos comenzar con un hecho emblemático en la historia de Adriano Olivetti?

«La empresa Olivetti fue como un espejo de la Constitución en la fábrica, una imagen ejemplar de convivencia y relaciones civiles. Adriano Olivetti nunca le preguntó a nadie cuál era su credo religioso o su partido político. En el año 52/53 la dirección envía una carta a los empleados pidiéndoles que no vayan a la huelga, para no agravar la situación de la empresa. Es el mismo periodo en el que FIAT instituye la fábrica frontera a la que envía a los militantes sindicales más activos y, por motivos políticos, despide a dos mil personas. Al día siguiente del atentado a Togliatti en 1948, con la fábrica ocupada, Adriano se informa y decide enviar jergones a los ocupantes y se preocupa de que no les falte la comida».

¿Qué sentido tiene la fábrica en esta visión de la empresa? 

«La fábrica estuvo en el centro de la atención de Adriano. Más aún, de ella obtuvo el estímulo para una reforma global. El fin es conciliar al hombre y a las máquinas. Un tema de enorme complejidad, para el que no existe una receta, pero su idea era socializar sin estatalizar, superar la contraposición entre capitalismo privado y colectivismo utilizando un instrumento, las industrias sociales autónomas, donde los trabajadores y la comunidad participan juntos en la propiedad y en la gestión, como la fábrica alemana de lentes Zeiss, de propiedad común, que distribuye parte de los beneficios a la universidad y a los trabajadores, sin obstaculizar la expansión».

¿Cómo se puede vivir así en estos tiempos de crisis?

«Empiezo por mi propia experiencia. En septiembre de 2008 se paró todo, no llegaban llamadas telefónicas ni pedidos. Fue el comienzo de una crisis anunciada, ya nos habíamos preparado reorganizando la red comercial y redefiniendo los programas informáticos y la administración con una contabilidad industrial y un control de gestión que nos permitiera tener un control más rápido e información más detallada».

¿Y qué hicísteis?

«Llamamos a todos los trabajadores y les pusimos al corriente de lo que podía ocurrir. Nosotros nos comprometimos a hacer todos los sacrificios necesarios, renunciando al margen, y a vivir las dificultades junto con ellos, reduciendo el tiempo de trabajo si era necesario. Además, viendo que una de las dificultades era el acceso al crédito, decidimos doblar el capital social en todas las sociedades del grupo. Esto hizo crecer la confianza de las instituciones financieras y de los proveedores en la empresa. A fecha de hoy no hemos perdido una hora de trabajo, ni hemos despedido a nadie. La crisis no ha terminado pero todavía seguimos aquí y hemos crecido en cifras y en facturación».

Después de la crisis, llegó el terremoto. ¿Cómo hicisteis frente a sus consencuencias en la producción?

«Eran las nueve de la mañana del 29 de mayo de 2012 cuando, después de un gran estruendo que anunció el terremoto, vimos cómo los edificios ondeaban. Una de nuestras fábricas, la de Cavezzo (Modena), que fabricaba cajas de cartón, se hundió. En ella trabajaban 15 personas. Al principio el Gobierno decidió ayudarnos suspendiendo el cobro de las cotizaciones al INPS, pero en diciembre de ese mismo año nos pidió que ingresáramos todo de una sola vez. Era más o menos el mismo importe que la nómina de un mes de los trabajadores. Había que elegir entre pagar al Estado o pagar los sueldos. Al final decidimos arriesgarnos nosotros como empresa e inesperadamente, nuestros competidores pusieron en marcha una cadena de solidaridad»

¿Cómo?

«Se ofrecieron a fabricar en nuestro nombre la producción que nosotros no podíamos realizar. En cuanto llegó a oídos de la cadena de televisión RAI, se pusieron en contacto con nosotros y la primera noticia del telediario de la noche fue este ejemplo de solidaridad concreta. En todos nosotros creció el orgullo de trabajar en Chimar».

¿Cuál es uno de vuestros puntos fuertes?

«Desde siempre tenemos formados de varias especialidades que imparten cursos de formación en función de las necesidades de cada persona. A partir de 2014 hemos ampliado la formación a todos los empleados, con la convicción de que la empresa puede crecer sólo si crecen las personas. Nuestros colaboradores se dan cuenta de que formarse supone crecer profesional y económicamente y los clientes saben que cuentan con personas preparadas».

Además, hay formas de retribución no monetarias…

«Desde hace unos años, la empresa suscribe una póliza de seguro sanitario gratuito, que estamos poco a poco extendiendo a todos los empleados. Hemos firmado un convenio bancario con condiciones subvencionadas para los empleados porque nos hemos dado cuenta de que las personas accedían al crédito con intereses de usura, comprometiéndose a devolver cifras que hacían perder la tranquilidad. Esponsorizamos actividades deportivas en las que los hijos de los empleados pueden pasar de forma sana el tiempo fuera del colegio. Estamos haciendo cursos de inglés de varios niveles. Pronto haremos cursos de italiano para extracomunitarios. Estamos concediendo becas que nos gustaría que fueran cada vez más numerosas para los hijos de los empleados y estamos preparando una biblioteca dentro de la empresa».

¿Así no os convertís en un problema para vuestros competidores?

«Este es otro capítulo para reflexionar. En noviembre de 2013 invitamos a que visitaran la empresa a través de Federlegno a unos 40 competidores, a quienes les explicamos nuestra organización y les enseñamos las instalaciones. Lo que esperamos es que, al conocernos, crezca el aprecio y la competencia se juegue en base a las capacidades».

 ¿Puede poner un ejemplo?

 «Por respeto al medio ambiente, decidimos comprar sólo madera procedente de bosques gestionados de forma responsable, aunque para ello tengamos que rechazar ofertas más convenientes. Tenemos la certificación PEFC, que implica la realización de inspecciones por sorpresa, y así evitamos tentaciones. Para seguir siendo competitivos hemos intervenido en algunos campos, empezando por mejoras organizativas como la adopción del método Lean Production, la unificación del diseño, la reducción del consumo de energía eléctrica, la instalación de cogeneración para producir energía eléctrica y térmica. Ha sido una decisión que ha permitido que nuestro trabajo sea más cualificado».  

¿Cómo sigue este recorrido encaminado a que la lógica ganadora de la empresa sea el compartir?

«Con un grupo de amigos hemos constituido AIPEC, precisamente para difundir la cultura de la Economía de Comunión y dialogar con otros empresarios. Es un compromiso para crecer juntos, empresarios que ya no están solos sino que son solidarios y a aman a la empresa del otro como a la suya, conscientes de que crean valor no sólo para ellos sino también para la sociedad. Empresarios que pueden utilizar recursos comunes, que ponen a disposición sus capacidades para realizar actividades que permitan apoyar el crecimiento de nuevas empresas, para asegurar un futuro a nuestros hijos y a nuestro país. Es una obra abierta, ya que, entre otras cosas, pueden asociarse a AIPEC personas que no son empresarios pero sí comparten el proyecto»

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