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La Semana Santa y la EdC

Experiencia de un empresario norteamericano de la EdC, dedicada a todos sus “compañeros empresarios"

por John Mundell

Marta_Fran_and_John_RidMe gustaría aprovechar este momento para desearos a todos una Semana Santa bendita y especial, llena de oportunidades para reflexionar sobre nuestra vida cristiana, pero también sobre nuestro trabajo en el mundo de los negocios y en la economía. Para mí, esta semana marca todo lo que nos hace ser lo que somos en la EdC: la institución de la Eucaristía – Comunión, Jesús Crucificado y Abandonado (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado…?”) y la Resurrección. La experiencia de vivir este estilo de vida de comunión en nuestras empresas nos da la posibilidad de seguir el mismo recorrido de Jesús de una forma excepcional: ¡juntos! Con su presencia en medio de nosotros y con nuestra decisión de hacernos ‘uno’, comprendemos el coste pero también los frutos de esta comunión.

En estas dos últimas semanas, he tenido dentro de mi empresa un claro recordatorio del sufrimiento y la “pérdida” que muchas veces tenemos que abrazar cuando damos nuestro “sí” a esta aventura de la EdC: dos empleados han comunicado su decisión de abandonar la empresa. En ambos casos, su decisión, al final, será buena para ellos y para la sociedad, pero siempre se experimenta una cierta tristeza y una sensación de fracaso cuando ocurren estas cosas. Nos preguntamos: ¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Hubiéramos podido hacer algo para evitarlo? ¿Qué cambios deberíamos introducir en nuestro estilo de gestión o en el clima empresarial para ser aún más una empresa de EdC?”

Es obligado realizar un examen de conciencia personal, al menos para mí. Muchas veces me ayuda a ver con ojos nuevos las posibles causas, Mundell_2011_ridsi es que existen y las mejoras a considerar: Cuando contratamos a esa persona, ¿ponderamos bien nuestra decisión, seleccionando a una persona a quien el trabajo le resultara satisfactorio? ¿Le hemos ofrecido una oportunidad de desarrollo profesional? ¿Hemos establecido relaciones fuertes con el empleado? ¿Le hemos dado al empleado la posibilidad de contribuir a la empresa?

Pero, a veces, después de plantearnos estas preguntas, seguimos sin encontrar una respuesta clara y no nos queda más remedio que concluir que evidentemente es un buen momento para que esa persona deje la empresa (o para dejarla marchar).

Cuando creé mi sociedad, recuerdo que pensé, ingenuamente, que si era capaz de construir el tipo adecuado de empresa de EdC, seguramente no habría rotación de empleados. Me decía: ¿quién desearía dejar una empresa tan linda, donde se está tan bien? Y, lo que es peor, cuando pasaron 6 años de actividad sin perder ningún empleado, me convencí de que esa conclusión era correcta. Creo que fui un poco orgulloso por la falta de rotación que atribuía a mi buen liderazgo de EdC y a mi capacidad para las relaciones. Al llegar las primeras dimisiones tuve que enfrentarme con la realidad. Me dí cuenta de que esta apegado a mi idea de empresa y a mis colaboradores por motivos egoístas. Después de todo, era bonito estar rodeado de personas que trabajaban a gusto y se llevaban bien con los compañeros. Todo iba tan bien en la empresa.

A partir de ese momento he comprendido que todos los empresarios de la EdC estamos llamados a amar a las personas que Dios nos pone al lado en cada momento, para intentar construir la mejor empresa de EdC que seamos capaces. Si el destino de toda persona es un “viaje” por la vida, éste puede incluir venir a trabajar en nuestra empresa y puede incluir también dejarla en un momento dado por otras razones y en otras etapas de la vida.

Mundell_2011_internship01_ridEsta semana, durante la fiesta de despedida de una de estas empleadas, le dije delante de todos cuánto la iba a echar de menos pero al mismo tiempo le deseé sólo lo mejor para su nuevo trabajo. Mi mujer, Julie, y yo hicimos algunas bromas y comentarios personales que dejaron claro lo bien que conocíamos a esta empleada ‘única’. Cuando le llegó el turno de decir unas palabras, esta persona comenzó a llorar y a decir lo que cada uno de nosotros había significado para ella y lo natural que le resultaba pensar en nosotros como en una “familia”, a pesar de la necesidad de cambiar de trabajo. Recordó cómo la habíamos apoyado durante la enfermedad y muerte de su padre y de su perro, la persona y la cosa a las que más había querido en su vida. Fue un momento emotivo, en el que muchas personas no podían contener las lágrimas. Se me ocurrió que tal vez lo más importante que podemos ofrecer al mundo de la empresa es que los demás respiren nuestra atmósfera, mientras estén con nosotros, para que, cuando vayan a otro lado, la lleven consigo y la difundan. ¡Qué idea!

Haciendo todo eso con la gracia especial de esta Semana Santa, en cuanto abracé en mi corazón la ‘herida’ de esta ‘pérdida’, de repente ésta se transformó en pura alegría, en resurrección.

Feliz Pascua a todos de parte de uno que se ha adelantado a fisgonear en la tumba vacía

J. Mundell, Indianapolis, U.S.A.

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