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Catherine Sallier: cuando la caja se abre desde el cielo

Catherine Sallier lleva 30 años como apicultora profesional en la provincia de Ardèche, en Francia. Explica con sus propias palabras cómo la EdC puede cambiar la vida.

por Catherine Sallier

Catherine_Sallier_ridCuando nació la Economía de Comunión, yo ya pertenecía la Movimiento de los Focolares. Cuando supe que se había lanzado este proyecto, inmediatamente sentí que había nacido para esta vida y que esto era lo que yo siempre había esperado.

Mis abejas me dan miel, polen y otro producto menos conocido que se llama jalea real. Mi trabajo me apasiona y eso me hace vivir. El hecho de saber que puedo trabajar y ganar más dinero que el necesario para satisfacer las necesidades inmediatas de mi familia, donarme a fondo en mi trabajo no para acumular sino para compartir, me anima a trabajar cada vez mejor y de forma más eficiente.

Para participar concretamente en la vida de la Economía de Comunión, decidí emplear inmediatamente a una persona … y después comencé a acoger jóvenes en prácticas – cualesquiera que fueran ellos y sus horizontes – con el fin de que pudieran comprender si estaban hechos para este oficio y formarles.

He abierto de par en par las puertas de mi empresa igual que las de mi corazón. Mis colegas siguen diciendo que estoy loca porque formo a mis competidores. Es cierto que muchos de ellos se han establecido cerca, pero siempre es una alegría encontrarse con ellos, echarles una mano o pedirles ayuda.

Esta vida de la Economía de Comunión ha transformado mis intenciones, la forma de percibir a mis clientes, mi compromiso al servicio de la profesión, mis relaciones con los competidores… y sin embargo no es fácil vivirla.

Hace algún tiempo, durante una entrega de miel en un hipermercado, acordé con el jefe de sección que yo llevaría la miel al almacén Catherine_Sallier_Aix_rid

En ese mismo instante me descubrí rencorosa y racista, incoherente y llena de orgullo. Mientras colocaba la miel en la estantería, tuve tiempo de reflexionar… Entonces decidí perdonar y ponerme a amar, dando el primer paso. Cuando llegó la siguiente entrega, me interesé por su trabajo, estaba alegre, sonriente… y poco a poco, entrega tras entrega, sentí que la relación iba cambiando: un “buenos días” sincero, una sonrisa franca. ¡Entonces, es posible! ¡Verdaderamente basta cambiar el propio corazón!

Ahora os contaré una pequeña experiencia. En realidad sólo al final comprendí que era una experiencia, en el momento no era más que vida normal. Pero es verdaderamente formidable, porque esto no es algo automático; nosotros vemos lo que ocurre casi como espectadores que no dan crédito a lo que ven.

Ese año, al comienzo de la primavera, una joven colega, Céline, baja de moral, se puso en contacto conmigo y me dijo que había perdido todas sus abejas durante el invierno y me preguntó si podía darle 10 colonias para poder producir la jalea real.

Para entenderme tendréis que hacer un pequeño esfuerzo, porque tengo que hacer un paréntesis técnico: os hablaré de la producción de la jalea real, que es un producto escaso y caro. Sólo la producen algunos enjambres concretos de abejas, tratados de una forma especial con gran cantidad de trabajo altamente técnico. Para ganar algo bastan unas cuantas colonias, pero son muy preciadas porque su producción tiene mucho valor.

Mis abejas también se encontraban en mal estado y dudé qué respuesta darle. Quería ayudarla pero ¿contaría con las abejas necesarias? Ella, por su parte, me propuso trabajar para mi para pagar de este modo los enjambres de abejas que le diera.

Segundo paréntesis: un enjambre es una colonia que todavía no produce; no se conoce su potencial y en primavera necesita seis semanas más para estar en condiciones de producir... y la temporada de producción de la jalea real dura menos de cuatro meses.

Alveari_Sallier_ridPasaron algunas semanas. Yo me ocupaba con especial atención de aquellas colonias y me di cuenta de que los enjambres no estarían listos a tiempo e incluso era posible que ni siquiera fueran buenos. Céline tenía verdadera necesidad de producir. Tomé una decisión. Cuando vino a llevarse las colonias, no le di los enjambres, sino mis colonias personales que ya estaban produciendo … Le dije: “con estas podrás empezar a producir desde mañana mismo”. Céline, asombrada, se llevó a casa las colonias para ponerlas inmediatamente a producir … y yo me quedé con mis enjambres, sin tener la mínima seguridad de que pudieran darme la producción que necesitaba. Mis colegas incluso me habían desanimado planteándome dudas acerca de su potencial genético (el carácter “producción de la jalea real” se transmite muy mal).

Pasaron tres meses … y llegó agosto. Céline había alcanzado su objetivo: había producido la jalea real que necesitaba. Yo tuvo una temporada excelente: ¡resultó que todos los enjambres eran buenos y habían producido más que el año anterior!

Sencillamente estaba muy contenta. Pero hasta que no hablé con un amigo, no entendí nada … era como trabajar sin caja registradora, donando todo lo que se puede, viviendo, y después, en el momento oportuno, la caja se abrió desde el cielo.

Hubo el doble de trabajo y de resultados, porque dí lo mejor que tenía. Eso era lo que yo creía, pero en realidad lo mejor me lo había quedado para mí: el regalo del cielo, la caja registradora que se había abierto. Entonces lo entendí: ¡era verdaderamente la mano de Dios, el céntuplo! Entendí de verdad que con el paso del tiempo la Economía de Comunión me estaba cambiando.

¡Das y recibes! ¡Y cuanto más das, más recibes!

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