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Cambiar es posible: reflexiones después de la escuela

Experiencia de Simona Tesini, una joven brasileña que participó el pasado mes de julio en la Escuela Latinoamericana de EdC que tuvo lugar en Recife.

Tesini Simona"Cuando decidí dejar el banco en el trabajaba – concretamente en el departamento jurídico donde diariamente tenía que vérmelas con deudas de millones de reales – lo hice con el deseo de dedicarme a algo más noble, que pudiera contribuir a construir un mundo unido, objetivo que he perseguido desde que era niña.

Ya se que es utópico, pero esa utopía es precisamente lo que siempre nos ha llevado a mí y a mi familia a realizar experiencias increíbles y a vivir según la fraternidad. Cuando le comuniqué la decisión que había tomado a una amiga, ella me invitó a participar en la Escuela de Emprendedores de EdC de Recife que tuvo lugar el pasado mes de julio. Fue increíble. Me sentí como si hubiera estado “en coma” los 11 años que estuve trabajando en instituciones financieras sin ver ninguna salida para cambiar las cosas.

Durante aquellos días, con aquellas personas y en aquella escuela, sentí que “resucitaba”. ¡Tenía la posibilidad de volver a empezar! En la EdC descubrí justamente lo que le faltaba a mi vida en relación con los conceptos de las sociedades empresariales, del trabajo y de la calidad de vida. En pocas palabras: descubrí en los frutos concretos de las personas que viven para el proyecto de la Economía de Comunión una respuesta a las expectativas que siempre había tenido sobre el llamado “mercado de trabajo”. Unas expectativas que mis empleadores nunca comprendieron. Inmediatamente me ofrecí para ayudar en todo lo que fuera posible. Al terminar la escuela, entré a formar parte de la Comisión regional de la EdC.

Creo que es muy importante tratar de introducir los principios de la economía de comunión también en los aspectos jurídicTesini_Simona_2os que regulan las empresas en el sistema económico actual. Por eso, junto con mi marido, que no pertenece a la EdC, hemos puesto en marcha un estudio legal y estamos trabajando en la elaboración de un acto constituyente para empresas que contenga una referencia explícita a los principios de la Economía de Comunión.

Uno de los artículos dice: "Los socios manifiestan su intención de poner en comunión los beneficios de la sociedad para tres fines que revisten igual importancia: (a) apoyar proyectos basados en la reciprocidad, la subsidiariedad y la comunión, que favorezcan el desarrollo de personas y comunidades que se encuentran en situación de pobreza; (b) difundir la "cultura del dar", la reciprocidad y la fraternidad, como condición necesaria para el desarrollo integral y para una economía y una sociedad fraternas y solidarias; (c) desarrollar la empresa, creando riqueza y puestos de trabajo y orientando la actividad dentro y fuera de la empresa al bien común”.

He comprendido que la EdC empieza por la vida y desde ella se llega a la teoría. En esta Escuela he constatado que la voluntad de llevar a la práctica las normas establecidas por el derecho es muy fuerte. Podría pensarse que es una exigencia burocrática del sistema capitalista en el que vivimos, pero es necesaria. El hecho de introducir en la constitución de la empresa, que es un acto fundamental para la misma, una cláusula como la señalada anteriormente, es como si en mi documento de identidad estuviera escrito: “Simona, de nacionalidad brasileña, miembro de un proyecto de comunión”. Es evidente que lo que me caracteriza es la comunión, que yo vivo en un ambiente de fraternidad. No quiero decir que por el simple hecho de participar en este proyecto una sociedad esté obligada a compartir sus beneficios, sino que, antes incluso de hablar de beneficios, se compromete a practicar día a día la comunión como estilo de vida.

Todas estas ideas han sido discutidas en la Comisión. Puedo decir que estoy muy satisfecha, porque ahora puedo ser un instrumento para contribuir a hacer realidad la comunión.

Deseo trabajar para transformar las empresas de Economía de Comunión que hoy tienen estatutos jurídicamente simples, en empresas capaces de atraer inversores y de difundir la idea de la comunión en el mundo “societario” actual, ya sea a través de los estatutos que definen a la empresa jurídicamente o en las juntas de socios o accionistas. Así se podría mostrar al mundo que es posible vivir en comunión y que, a través de este estilo de vida, es posible vivir la fraternidad y construir un mundo unido.

 

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