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Una comunión que produce frutos inconmensurables

Pedimos a algunos jóvenes participantes en la Escuela de Verano que nos cuenten lo que ha significado para ellos

Una comunión que produce frutos inconmensurables

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Estamos en el tren que nos lleva a casa, alejándonos física pero no “espiritualmente” de la primera Escuela de Verano de Economía de Comunión, que ha tenido lugar en Rocca di Papa (Roma) los días 3, 4, 5 y 6 de septiembre de 2009.

Tras cuatro intensos días de comunión, investigación científica, valores, proyectos, ideas, pensamientos, esperanzas, expectativas…vida, se nos ha ocurrido ensanchar esta hermosa experiencia llevándola hasta el tren que nos lleva a nuestra casa, en Padua. Perdonad que no nos hayamos presentado. Nuestros nombres son Antonella, Remigio y Marianna.

Al comunicarnos nuestras impresiones y viendo fuera de la ventanilla el paisaje que pasa y cambia, hemos pensado en haceros partícipes de lo que hemos aprendido en esta escuela de verano, así como de algunas “píldoras” de las historias que han contado algunos de los participantes, historias que nos han impresionado mucho, en lo profundo del corazón, y que nos han hecho reflexionar.

Así pues, queremos compartir con vosotros nuestra experiencia personal de manera que también vosotros podáis compartir con nosotros una parte de las esperanzas y alegrías que hemos vivido en unidad durante estos días.

Hemos aprendido muchísimas cosas, pero nos gustaría poner de relieve sobre todo tres de ellas.

La primera es el tema de la pobreza.
Muchas veces, de manera equivocada, se llama genéricamente pobre a cualquier tipo de persona con dificultades económicas. Estas dificultades económicas parecen ser las únicas motivaciones válidas para definir el término pobreza. Por el contrario, la pobreza es un concepto mucho más amplio y profundo. Los llamados pobres o, mejor dicho, los necesitados, son personas que se encuentra en situación de penuria económica por motivos muy variados. Esta es la pobreza SUFRIDA.

Sin embargo, hay otro tipo de pobreza, la pobreza ELEGIDA, que incluye a todas aquellas personas que, por opción personal, deciden no sepultarse bajo mil capas de bienes materiales inútiles o máscaras para defenderse de los otros, de los que son distintos, sino que se expresan libremente, entrando en una comunión de ideas, pensamientos y proyectos para alcanzar una finalidad común que seguramente será más grande que la que podría realizarse individualmente.

Una experiencia de vida relacionada con este tema, que nos ha impresionado profundamente, es la de Karel, de República Checa, que nos ha contado la alegría y la libertad que ha experimentado en el dar, pero un dar especial: incondicionado.

Su primera experiencia es la decisión, que tomó junto con su mujer, de reducir su consumo con el fin de vivir con las ¾ partes de los ingresos familiares para dar el resto a otras personas necesitadas. Tomaron esta decisión tras observar que muchas personas tienden a utilizar el 95% de sus ingresos para su crecimiento personal o familiar.

Esto les dio un fuerte sentido de libertad, al no estar ya preocupados por lo que debían comprar para consumir su propia renta.

No contentos con ello, decidieron dar de manera aun más radical, ingresando el 10% de todos sus ingresos familiares, incluidos los posibles ingresos extra, a una cuenta corriente bancaria especial para destinarlo a personas necesitadas que viven lejos de ellos.

Han realizado esta forma de dar con una opción sorprendentemente radical, ingresando el 10% incluso en ausencia de ingresos; nos ha contado que durante un tiempo estuvo sin trabajar y consiguieron salir adelante sin tocar el dinero de la cuenta separada.

Nos ha dicho que la consecuencia para él ha sido grandísima: una alegría interior inmensa y un auténtico sentido de libertad.

Lo segundo que hemos aprendido es que el objetivo principal de las empresas de la EdC no es el de ayudar a los necesitados que sufren dificultades dándoles únicamente ayuda económica. Es mucho más. Las empresas de la EdC nacen CON los necesitados, es decir que se cuenta con ellos ya desde su planificación y constitución, se “hace empresa” CON ellos. Esta es una diferencia fundamental que cambia radicalmente el punto de vista que hay que asumir para comprender en profundidad el proyecto de la EdC.

Un empresario italiano nos ha hecho partícipes de su historia. Nos ha contado que prestó dinero para ayudar a una empresa cuya actividad consistía en la crianza de pollos. Esta empresa quería devolver el dinero que había recibido pero el empresario, en lugar de que le devolvieran el dinero, les pidió que realizaran esfuerzos en su propio territorio para ayudar a otras personas necesitadas.

El tercer pensamiento nos impulsa a salir de nosotros mismos y a donar porque antes se ha recibido.
Igual que un niño consigue amar a quienes están a su alrededor porque antes ha recibido a su vez el amor de su madre, así también nosotros, que hemos recibido en nuestra vida tanto de personas distintas y en circunstancias distintas, podemos dar amistad, tiempo, disponibilidad e ideas a quienes están a nuestro lado.

Con este continuo intercambio de “recibir y dar” también las ciencias, a un nivel superior, pueden dialogar profundamente entre sí. Así es como nace una nueva economía, iluminada por la sociología, la antropología, las matemáticas, la estadística y así hasta el infinito. Por eso el estudioso no puede encerrarse en su parcela de conocimiento sino que debe abrirse al diálogo con el otro, puesto que, como ya se ha dicho, de esta manera el resultado será seguramente mucho mejor que el que puede producir una sola mente pensante.

Una historia conmovedora sobre el amor recibido nos la ha contado Genevieve Sanze, de Costa de Marfil, que nos ha hablado de la experiencia de alegría que hizo una niña africana de 8 años.

Durante la guerra, esta niña recibió de un tío suyo una cantidad de dinero equivalente en nuestra moneda a 20 céntimos de euro. Al principio pensó en esconderlo para poder después comprarse golosinas. Pero un día vio que su madre estaba triste porque no tenía lo necesario  para alimentar a sus hermanos. Entonces la niña pensó en ir al supermercado, pero después pensó que mejor que ir ella a comprar alimentos, era darle el dinero directamente a la madre. Este gesto le hizo tan feliz a la madre que ya no quedaba en ella espacio para la tristeza, a pesar de que con aquel dinero no iba a poder alimentar a todos sus hijos.

Lamentablemente no podemos contaros todas las experiencias que hemos hecho juntos, fruto de la comunión. Pero sí podemos constatar que en esta escuela de verano nos han hablado de teorías económicas que llevan vida dentro y por eso no nos han resultado lejanas, sino tan cercanas que a unos estudiantes como nosotros (seguramente otros habrán tenido otras sensaciones) nos entraban las ganas de embarcarnos en algún tipo de estudio que nos permita profundizar en estos temas. Además nos han narrado experiencias de vida que nos han enriquecido por dentro y que nos permitirán tomar decisiones más conscientes también en nuestra vida personal.

Lo que nos llevamos en el corazón es que compartir las cosas con los demás es importante bajo muchos aspectos y los frutos que este compartir produce son inconmensurables.

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