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Alitalia, privilegios y bien común

Alitalia, privilegios y bien común

Alberto Ferrucci
publicado en Città Nuova N.8/2008link.gif

Después del reciente desvío de vuelos Alitalia de Milán-Malpensa a Roma-Fiumicino, al aterrizar en este último aeropuerto, hay que calcular, sobre el horario oficial, un tiempo infinito para llegar en autobús al Terminal, desde la lejana zona en la que a menudo el avión parquea por carencia de accesos directos. Al partir, en cambio, se necesita prever otro tanto tiempo para los controles de seguridad y para la espera en cola antes del despegue. Este es el resultado del desvío de los vuelos de Malpensa a Fiumicino, justificado por el imperativo de reducir los costos de administración de una Alitalia casi en estado de insolvencia.

¿Por qué los costos se reducen? Porque al trasladar los aviones de Alitalia  a Roma, se evitan los costos de vuelo y de pernocta en Malpensa de las tripulaciones con residencia en Roma que siempre se han negado a trasladarse a las brumas del Norte.
Un privilegio de 200 millones de euros al año.
Salen a relucir los escollos de los últimos 20 años. Hay que repartir las responsabilidades de la presente situación entre todos los sujetos involucrados en Alitalia, desde los gobiernos hasta los gerentes públicos y privados que se han sucedido en la empresa, pasando por los trabajadores y las representaciones sindicales.
En efecto, ninguna empresa del mundo, cuando abre una nueva sede, está dispuesta a pagar durante años el tiempo y el coste del traslado a sus empleados. En nuestra casa pueden permitírselo solo empresas que actúan en condiciones de monopolio; por fortuna la Unión Europea ha impuesto también a Italia vuelos alternativos. Así Alitalia tiene que adecuar sus tarifas a las de la competencia, pero no lo ha hecho todavía por los costos de administración.
¿Vender o no vender? Air France ciertamente no compra si no se le permite eliminar los privilegios, junto al exceso de personal generado durante años por una gestión de monopolio, contaminada por graves interferencias políticas, que, por lo demás, han concentrado en Roma las contrataciones. Esperar no sirve de nada, dicen ya más de 400 empleados que desconfían de los sindicatos y que ven en Air France la posibilidad de una gestión que ofrezca perspectivas de desarrollo.
Alitalia está al borde de la quiebra. Venderla se ha convertido en una necesidad. Para los sindicatos, sea confederados que de categoría, ahora el problema crucial es el de reducir el volumen de los excedentes y renunciar a los privilegios existentes para volver a dar competitividad a la empresa y un relanzamiento en el contexto internacional. Directivos, plantilla y sindicatos están llamados ahora a poner al centro la cultura del bien común: ofrecer un buen servicio aéreo a los italianos y a cuantos quieren venir a visitar el "Bel Paese".
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